Puerto Varas tiene algo difícil de explicar hasta que lo vives. Entre el lago, los volcanes y los bosques, todo se siente intenso, limpio y casi irreal. En mi caso, lo que más me impactó fue el color del agua: ese tono profundo que parece cambiado por Photoshop… pero no, está ahí, frente a ti.
Si tienes un fin de semana largo, esta guía te ayudará a aprovecharlo al máximo con un itinerario de 3 días equilibrado entre naturaleza, buena comida y paisajes memorables.
Cómo llegar: de Santiago a Puerto Varas
La forma más rápida y cómoda de llegar es en avión desde Santiago. El vuelo dura aproximadamente 1 hora y 40 minutos hasta el Aeropuerto El Tepual (Puerto Montt). Desde ahí, Puerto Varas está a solo 20 minutos en auto o transfer.
En mi caso, optar por el avión hizo toda la diferencia: en pocas horas ya estaba rodeado de paisajes increíbles, sin el desgaste de un viaje largo por tierra.
Día 1: Primer contacto con Puerto Varas y el Lago Llanquihue
Empieza tranquilo. Camina por la costanera, recorre el centro y déjate sorprender por las vistas al Lago Llanquihue con el Volcán Osorno de fondo. No necesitas mucho más para engancharte con el destino.
Ese primer día, sin grandes planes, fue suficiente para sentir que estaba en un lugar especial. Todo se ve ordenado, cuidado y con ese aire del sur que mezcla naturaleza con calma.
Aprovecha de probar algo local. En mi caso, terminé comiendo unas empanadas de pino que todavía recuerdo. A veces, esos pequeños momentos son los que más se quedan.
Día 2: Volcán Osorno y Saltos del Petrohué
Este es el día más potente del viaje.
Parte temprano hacia el Volcán Osorno. Puedes subir en vehículo y disfrutar de vistas espectaculares del lago y la cordillera. Es uno de esos lugares que justifican todo el viaje.
Luego, sigue hacia los Saltos del Petrohué. Aquí fue donde realmente sentí que el viaje se volvía inolvidable.
El lugar es simplemente soñado. Las pasarelas están impecables, los senderos son fáciles de recorrer y el entorno natural es abrumador. Incluso con lluvia —como me tocó a mí— la experiencia sigue siendo increíble. De hecho, la lluvia le da un aire más salvaje y auténtico.
El color del agua, el sonido del río y la fuerza del caudal hacen que sea un rincón que hay que ver en vivo sí o sí.
Día 3: Naturaleza profunda o relajo total
Aquí tienes dos caminos, dependiendo de tu estilo de viaje.
Opción 1: Lago Todos los Santos y Villa Peulla
Una excursión clásica (y muy recomendada). El Lago Todos los Santos tiene un color esmeralda impresionante y está rodeado de montañas y vegetación.
Desde ahí puedes llegar a Villa Peulla, un lugar pequeño, tranquilo y completamente rodeado de naturaleza. Es perfecto para desconectar.
Opción 2: Aventura y termas
Si prefieres algo más activo, puedes ir a Cochamó, conocido como el “Yosemite chileno”. Ideal para trekking y paisajes imponentes.
Y si quieres cerrar el viaje relajado, las Termas del Sol son una excelente opción. Naturaleza + agua caliente = combinación perfecta.
Personalmente, ese contacto directo con la naturaleza fue lo que terminó de convertir el viaje en algo inolvidable.
Otros imperdibles cerca de Puerto Varas
Si tienes más tiempo (o quieres volver, como me pasó a mí), hay varios lugares que valen completamente la pena:
- Parque Nacional Alerce Andino: senderos entre árboles milenarios
- Frutillar: arquitectura y costanera con encanto
- Llanquihue: más tranquilo, con grandes vistas
- Puerto Octay: auténtico y menos turístico
Todos aportan algo distinto, pero mantienen esa esencia del sur que hace que quieras quedarte más tiempo.
Consejos prácticos
- Lleva ropa para lluvia (aunque el pronóstico sea bueno)
- Intenta madrugar para aprovechar mejor los días
- Considera reservar actividades con anticipación
- Quédate al menos 3 días para una experiencia completa
Un detalle importante: no dejes que el clima te desanime. En mi caso, me tocó lluvia y aun así el viaje fue espectacular.
Puerto Varas no es solo un destino bonito: es una experiencia. Es de esos lugares que te sorprenden, que superan las expectativas y que te dejan con ganas de volver.
Entre el color del agua, los senderos, los paisajes y esos pequeños momentos —como comer algo rico después de una excursión— todo se combina para crear un viaje realmente especial.
Si estás dudando si ir o no, la respuesta es simple: sí. Vale completamente la pena.






